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The “NATO Syndrome” — Arms, Profits and Lies

Michel Collon, michel.collon@skynet.be

El "síndrome de la OTAN": armas, beneficios y mentiras. ¿Quién oculta desde hace diez años los peligros del uranio empobrecido, y con qué intereses? Tras años de sufrimientos, algunos soldados belgas han presentado denuncias contra su gobierno. Pero, ¿por qué la OTAN oculta la verdad desde hace diez años?

 Si por fin ha estallado el escándalo del uranio, ha sido gracias a la encarnizada lucha mantenida desde hace diez años -en EEUU, y luego en Gran Bretaña y Francia- por asociaciones de soldados víctimas y por unos cuantos valientes científicos y militantes. Entre ellos está Christine Abdelkrim-Delane que acaba de publicar La Sale Guerre propre. Historia de este combate. 26.000 soldados norteamericanos padecen "enfermedades desconocidas" 

"El 26 de febrero de 1991 fui herido por un "tiro amigo" relacionado con munición de uranio empobrecido", cuenta Jerry Wheat (3ª división blindada norteamericana en el Golfo). En octubre empecé a sentir unos terribles dolores abdominales. Abandoné el ejército. Pensé en suicidarme, porque no había ninguna respuesta, ni ningún tratamiento. Se me dijo que la enfermedad no era real, que sólo estaba en mi cabeza. Nuestro gobierno debería dejar de utilizar el uranio empobrecido. Si no lo hace, que al menos asegure un seguimiento médico a quien lo necesite. Recuerde: esa triste herencia de fallos del gobierno no es nueva. Hace unos 50 años, los veteranos fueron utilizados en pruebas nucleares como cobayas humanas. Más tarde el gobierno probó el LSD en otros. Después utilizaron el agente naranja en Vietnam". 

De vuelta de la guerra del golfo, en 1991, muchos soldados norteamericanos y británicos constataron algunos problemas: cánceres, enfermedades pulmonares y de la piel, lesiones cerebrales. Y monstruosas malformaciones en recién nacidos. En la población iraquí se observan las mismas patologías, constata el profesor Selma Al Taha, director de un laboratorio de genética: "desde la guerra, hemos registrado un aumento importante de las malformaciones congénitas: hidrocefalias (n del r: hinchazón del cerebro), encefalitis, espina bífida (n del r: el cierre incompleto del hueso de la columna vertebral, que deja a la médula espinal sin protección), pero también malformaciones monstruosas de brazos y piernas, falta de corazón y de cabeza". 

Su colega, AL Askri, especialista en medicina nuclear, subraya: "un fuerte aumento de problemas de tiroides y de cánceres. Cada día vemos unos cincuenta enfermos de cáncer". En el sur, donde hubo más combates, es donde se presenta el mayor número de casos de leucemia en los niños. Es indispensable que haya una investigación científica completa e independiente. Como los síntomas del "síndrome de la guerra del Golfo" son muy diversos, con el tiempo se han ido proponiendo diversas causas posibles: el uranio empobrecido, las vacunas impuestas a los soldados, los pesticidas, el bombardeo de fábricas químicas... 

Es una cuestión compleja, que necesitaría una investigación científica completa y cara. EEUU y la OTAN niegan cualquier relación con el uranio empobrecido, y su parte de culpa en el problema. Pero ha sido precisamente su negativa a iniciar esta investigación científica lo que les ha permitido negar la existencia del síndrome del Golfo desde hace diez años. Sin embargo el ejército norteamericano ha tenido que reconocer hace poco que 132.749 excombatientes eran "ineptos para el servicio", y que un 20% de ellos eran víctimas de "enfermedades desconocidas". Pero rechaza todos los estudios, en especial, los de muy oficial departamento de Veteranos, o del centro de investigación de la armada de San Diego, y se obstina en que se trata de "víctimas del estrés de la guerra". 

No encuentra quien no busca 

La verdad va abriéndose paso poco a poco, a pesar de la sistemática obstrucción de ejército norteamericano...El 7 de mayo de 1991, el profesor alemán Sigwart Gunther descubre sobre la autopista, en el desierto iraquí, restos de proyectiles de formas y pesos extraños. "He visto a los niños jugar con eso. He sabido que una niña que poseía uno había muerto de leucemia". Cuatro institutos alemanes distintos descubrieron en él una enorme radioactividad. La policía se hizo con el proyectil y lo hizo desaparecer, pero eso no impidió que Gunther hiciera sonar la alarma. Poco escuchada, desgraciadamente. 

En 1992, un estudio de la Oficina de evaluación tecnológica del Congreso norteamericano constata que 34 de los 148 muertos reconocidos oficialmente, lo habían sido por "tiros amigos". Y concluye: "es imposible prever el número de muertos que hubo después entre los soldados que portaban en sus cuerpos partículas de uranio empobrecido". ¿Será es la razón por la que el ejército norteamericano después de la guerra llevó en secreto a EEUU materiales iraquíes y norteamericanos contaminados? En cualquier caso, en enero de 1992 y bajo la presión de las asociaciones de veteranos, la Oficina de investigación del Congreso inicia una investigación. Y en marzo, el servicio de sanidad del ejército recomienda identificar a los soldados que portaran en sus cuerpos partículas "para observar y catalogar los signos de toxicidad renal crónica y de cáncer". Pero durante cinco años no se publicó nunca el número de soldados contaminados. 

El ejército norteamericano en flagrante delito de mentira continua. El ejército norteamericano esconde de manera sistemática toda información alarmante. Así, cinco meses después de la guerra un incendio arrasa durante seis horas la base norteamericana de Doha, cerca de Kuwait City, y destruye seis carros Abrams y 660 obuses de 120 mm y 9.720 de 25 mm, todos ellos cargados de municiones de uranio empobrecido. Están presentes 3.500 soldados y se detecta una contaminación superior a la tolerada. El personal encargado de la limpieza del hangar no es informado del peligro de inhalar las partículas, y trabaja sin protección alguna, e incluso llegan a beber agua de un bidón que estaba cerca del lugar. Pero al final de la jornada, unos oficiales ponen las etiquetas de "radioactividad" sobre los restos de municiones. 

Y dos meses más tarde, todos los integrantes de los equipos encargados de descontaminar llevarán máscaras, guantes y trajes protectores. También durante siete años el ejército norteamericano se negará a revelar el número de soldados contaminados entre los que pertenecían a los equipos encargados de reparar -sin protección- los vehículos de combates dañados por "tiros amigos". 

Desde 1992 los Veteranos y las autoridades norteamericanas han estado enzarzados en una batalla de cifras. Hasta marzo de 1998 el Pentágono mantiene que la contaminación de uranio sólo concierne a 35 personas. Pero unos documentos secretos desclasificados permiten al investigador Dan Fahey obligar al Pentágono a reconocer públicamente su "error": había 113. Por lo menos. La determinación de los Veteranos ha sido un elemento decisivo para oponerse a la mala fe de las autoridades que, todavía hoy, sólo tratan de ganar tiempo y de sembrar la duda. Fahey lo resume de la siguiente manera: "no encuentra quien no busca". 

Dos mujeres admirables, Sara y Carol, han empezado la resistencia Sara Flounders es cofundadora del International Action Center, una organización presidida por Ramsey Clark (ex-ministro norteamericano de Justicia) que lucha contra todas las guerras imperialistas de EEUU: Vietnam, Granada, Panamá, Nicaragua, Libia, Somalia y, por supuesto, la Golfo. Desde 1992 entrevista a más de un centenar de soldados y empieza sus primeras investigaciones en relación con el uranio. 

En 1997 publica en su libro Metal of Dishonour (El metal de la vergüenza) uno de los primeros testimonios de los veteranos: "yo fui voluntaria por patriotismo, cuenta Carol H. Picou, quería ayudar. Era enfermera militar y pertenecía al primer hospital de campaña que entró en Irak (...) en el desierto. Había municiones por todas partes, obuses, búnqueres destruidos, y nuestra unidad médica de 150 personas atravesó todo eso sin ningún tipo de protección. Éramos siete mujeres. Todas estamos enfermas. Otros miembros de la unidad han muerto. Había carros (iraquíes) ardiendo y cuerpos carbonizados. Nunca había visto algo así. Paré mi coche e hice algunas fotos. Estaba muy preocupada. Nos dijimos "esto es la carretera del infierno". No se nos había advertido de la contaminación. "No podía controlar los intestinos ni el esfínter" 

En Irak empecé a notar que tenía manchas negras en la piel. Notaba cambios en mi cuerpo. No podía controlar los intestinos ni el esfínter. Me dijeron que era mecánico y que tenía que hacerme exámenes cuando volviera. Cuando volví, empecé a hacer preguntas y tuve miedo por mi carrera militar. Un "Veterano atómico (n.del r.: así es como se llama a los 250.000 soldados -cifras norteamericanas oficiales- irradiados durante los experimentos nucleares norteamericanos entre 1942 y 1963) me dijo que estaba envenenada por el uranio empobrecido. Un médico civil me diagnosticó: encefalopatía debida a la exposición a una sustancia tóxica, anomalías del sistema inmunitario, etc. 

El ejército sólo aceptó para mi invalidez "una incontinencia urinaria e intestinal de origen desconocido". Me licenciaron y, por supuesto, suprimieron mi seguro médico militar. En febrero de 1994 un control reveló la presencia de uranio. Fui a Washington y me expresé públicamente. Hoy padezco un grave problema de memoria. Tengo una encefalopatía de origen tóxico, deterioro del tiroides, degradación muscular. Sufro incontinencia de vejiga y de intestinos, y prácticamente no me puedo servir ni de las manos ni de los pies. El bebé de un de los miembros de nuestra unidad nació sin orejas ni ojos y con el corazón al lado derechos". 

Desde entonces Carol ha llevado su testimonio por el mundo. Su valentía, así como la acción de Sara Flounders y del International Action Center han hecho recular el muro de silencio. ¿Otra vez una historia de dinero? ¿A quién beneficia este crimen? ¿quién tiene interés en que se empleen toneladas de uranio empobrecido? En septiembre, un coronel del ejército yugoslavo encargado de la investigación sobre los lugares bombardeados por la OTAN y de la protección de los soldados, me dijo que existían metales tan eficaces para perforar blindajes como el uranio empobrecido. Pero que el uso de este permite solucionar el espinoso problema del tratamiento de los residuos nucleares (que permanecen radiactivos durante miles de millones de años). 

La industria nuclear transformaba de esta manera a algunos países -y a algunos pueblos- en cementerios nucleares. Como no soy experto, no puedo evaluar los "méritos" de los distintos componentes posibles. Sería importante que investigadores honestos e independientes investigaran este aspecto. Cuando se ve utilizar unas armas tan criminales, ¿no habría que buscar qué intereses se esconden detrás de ello? ¿La culpa es de las vacunas? ¿de la píldora contra el sueño? ¿o de los negocios? Hay distinta hipótesis que tratan de explicar el "síndrome del Golfo y de los Balcanes"... Según Pamela Asa, investigadora de medicina nuclear, el ejército norteamericano habría introducido clandestinamente una sustancia no autorizada, el escaleno, dentro del cóctel de vacunas administrado a sus soldados. 

¿Reacción? Primero, el ejército norteamericano niega que sus laboratorios dispongan de escualeno++++. Luego admite su utilización, pero después de la guerra. Y finalmente admite que lo utilizó antes de la guerra, pero se niega a mostrar sus archivos. Una investigación del Congreso norteamericano muestra que el número de vacunas empleadas es setenta veces mayor que el de las cifras oficiales. Los soldados habrían servido de cobayas para pruebas secretas. La misma acusación se hace contra el ejército francés. Sus comprimidos de piridostigmina (prevención contra los gases de combate) habrían sido impuestos a los soldados sin autorización legal, a pesar de sus peligrosos efectos secundarios. En EEUU este producto nunca ha obtenido la autorización de la Food and Drug Administration (Dirección de Alimentos y Fármacos). 

Otra sospecha: (el semanario francés) el Canard enchainé descubrió que "en el mayor de los secretos, el Estado Mayor francés experimentó una píldora anti-sueño cuya venta estaba entonces prohibida". 14.000 botes de Modafinil despachados bajo un nombre falso, y sin decir a los soldados qué estaban tomando (muchos se habrían negado). Semejante mágica píldora anti-fatiga promete, está claro, jugosos beneficios. Pero la ley francesa prohibe, bajo pena de cárcel, toda prueba practicada sin informar a quien se preste al experimento de la naturaleza del producto y de los riesgos. ¿Habría actuado el ejército francés al margen de la ley para servir a poderosos intereses financieros? 

El libro del Abdelkrim examina también otros productos sospechosos entre los que se encuentra un pesticida. ¿Qué se concluye? Primero, que la conspiración del silencio, organizada por EEUU y la OTAN, es responsable de esta incertidumbre que exacerba la angustia de las víctimas. En segundo lugar, que los síntomas de los soldados occidentales podrían provenir de distintos factores: uranio, vacunas, medicamentos especiales o contaminaciones locales. Pero, en cada uno de esos casos, este libro demuestra que los ejércitos occidentales utilizaron productos peligrosos ocultando sus riesgos. 

Y así se agarran a la teoría de "enfermos en su cabeza", ya que cualquier investigación revelaría faltas gravísimas. En tercer lugar, las poblaciones de Irak y de los Balcanes no han recibido ni vacunas ni otros productos, así que es el uranio el causante de esos cánceres y de esas malformaciones monstruosas y, por lo tanto, hay que prohibir inmediatamente este arma criminal. Ellos sabían, y no han dicho nada. Cuatro meses antes de la guerra del Golfo, el Estado Mayor de EEUU difunde unas "Consignas en caso de accidente en el transporte de municiones de uranio empobrecido". Son reveladoras: "si se dañan los embalajes, deben ser sustituidos antes de continuar con el transporte. Se debe efectuar un control de contaminación radioactiva. Si están contaminados, se deben descontaminar según los métodos descritos en el capítulo 7..." 

Hay que indicar que estas medidas prevén un accidente en el transporte, ¡y no una explosión! ¿Así pues, sí que existía entoces un grave peligro? Por supuesto, y ellos lo sabían. El 22 de julio, el teniente coronel Ziehm escribió en un informe oficial: "ha habido y sigue habiendo inquietud respecto al impacto del uranio empobrecido en el medio ambiente. Si nadie duda de la eficacia de EEUU en el campo de batalla, estas municiones pueden llegar a se políticamente inaceptables y susceptibles, por lo tanto, de ser retiradas del arsenal " (pg. 202). ¡Así pues, los dirigentes militares norteamericanos organizaron una conspiración del silencio con perfecto conocimiento y para evitar las protestas!. 

¿Por qué fue despedido a Asaf Durakovic? Esta conspiración continúa todavía. Asaf Durakovic, profesor de medicina nuclear, encargado de examinar a los soldados del 144ª Cuerpo de Transporte de New Jersey, envió a 24 a la clínica de Veteranos de Boston. Las investigaciones avanzaban y hacían evidentes las trazas de radioactividad. Sus pruebas e informes fueron destruidos de forma brutal y en febrero de 1997 su puesto fue suprimido por "razones presupuestarias". En la misma época, los doctores Burroughs y Slingrelan perdieron también sus trabajos por haber solicitado material de investigación eficaz. Durakovic escribió a Clinton para "denunciar el complot del que son víctimas los Veteranos". Sin respuesta. Pero también en Europa se organiza la protesta. En enero de 1999, en Manchester, un conjunto de ONGs lanza una gran campaña de información. Y algunos países acaban por preocuparse. 

En agosto, el Ministro finlandés de Medio ambiente organiza un equipo de investigación en Kosovo. La OTAN se niega a colaborar, pero el equipo persevera y concluye que los riesgos son graves. En noviembre, el gobierno italiano aprueba una nota muy crítica. En Bélgica, una serie de artículos de Frédéric Loore arman mucho ruido en el Journal du Samedi. El Ministro Flahaut intenta primero minimizar el problema, y después debe dar marcha atrás.... Señores Ministros nuestros, ¿qué saben ustedes exactamente? Señor Ministro Flahuat, ¿cuándo dice usted la verdad? 

En octubre de 1999 y en febrero de 2000, usted afirmó que "no estaba al corriente de los riesgos para la salud que sufrían los militares después de las operaciones en los Balcanes". Pero el 7 de enero de 2001, usted reconoce que la OTAN había advertido de los riesgos y que usted había hecho que se les efectuaran discretamente pruebas de orina a su regreso. Según el sindicalista Marc DeCeulaer, las advertencias de la OTAN no se hicieron públicas porque se habría producido un movimiento de protesta contra el envío de soldados a Bosnia. 

Todo ello exige un debate para establecer la verdad. Una de dos: o bien los sucesivos Ministros belgas no fueron informados por EEUU de los peligros del uranio empobrecido. Entonces: ¿no debería Bélgica abandonar una Organización que desprecia hasta tal punto la vida humana, incluyendo la de sus propios soldados? O bien estaban al corriente, y en ese caso, ¿no deberían ser juzgados por complicidad? París y Londres producen también armas con uranio. Y también han escondido la verdad En 1993 la pequeña inglesa Kimberley Office muere en el momento de nacer a causa de graves malformaciones congénitas. Su padre, soldado en el Golfo, y su madre, apoyados por las asociaciones de Veteranos, acabaron obligando al ejército inglés a iniciar un estudio piloto en 1998. Resultado oficial: nada. Pero, ¿son fiables las autoridades británicas? Desde 1979 producen este tipo de armamento; han tardado mucho tiempo en reconocerlo y en un primer momento negaron públicamente haber utilizado armas con uranio durante la guerra del Golfo. 

Las autoridades francesas negaron durante mucho tiempo haber producido o utilizado este tipo de armas. Ilegales y condenadas por NNUU en una (discreta) resolución de 1996. Pero en 1994 la revista pacifista francesa Damoclés revela la presencia de residuos durante ensayos de armas. En 1998 revela que Giat Industries produce 60.000 obuses de 120 mm de uranio. En 1998 Christine Abdelkrim-Delane, autora del reciente libro La Sale Guerre Propre (La sucia guerra limpia) interroga a las autoridades francesas. ¿Han analizado la tierra y el agua en las zonas de ensayos de armas con uranio? ¿Estaba protegido el personal? ¿Cómo se puede estar seguro de que ningún soldado francés se ha contaminado? Sin respuesta. 

En agosto de 2000 el Ministro de Defensa, Alain Richard, todavía afirma solemnemente que ningún soldado francés ha sido víctima de las municiones con uranio en el Golfo. Pero los soldados se organizan y su asociación Avigolfe replica publicando una larga lista de soldados enfermos o muertos: Frederic Bisséririx, muerto de tumores a los 32 años; A.N:, muerto a los 43 de un cáncer generalizado; M.C, muerto de un linfoma; M.L, muerto en 1992 de un cáncer de pulmón...La investigación demuestra que las autoridades militares, como sus colegas norteamericanos, se han negado a responder a la angustia de los soldados, a darles los informes médicos completos o a llevar a cabo investigaciones serias. El libro de Abdelkrim va captando las numerosas mentiras y disimulos del Ministro Richard y del ejército. 

En la actualidad, algunas potencias europeas tratan de echar la culpa a EEUU nada más, y de aprovechar la ocasión para promocionar su proyecto de un Euro-ejército. Pero todos han hecho lo mismo El embargo impide socorrer a la población iraquí  La táctica actual de los media pro-OTAN es la de limitar el debate a los soldados occidentales. Pero en Irak millones de personas están amenazadas, ya que basta con inhalar una ínfima partícula de uranio para que se desequilibre el sistema inmunitario. Y el embargo impide ayudarles. 

Un crimen después de tantos otros... "Haremos retroceder a Irak a la Edad de Piedra", anunció el expresidente norteamericano George Bush. Contraviniendo numerosas convenciones internacionales, se bombardearon muchos objetivos civiles: centrales eléctricas, estaciones de bombeo y de depuración de agua, emplazamientos petrolíferos, silos de cereales, almacenes de alimentos...Una crueldad deliberada. 

En octubre de 1990, el Instituto Washington para Oriente Medio recomendaba atacar "las estaciones de bombeo y de depuración de aguas de Bagdad sin las que la población urbana tendría que emplear varias horas diarias para buscar agua y purificarla". También bombardearon, sin preocuparse de los efectos medioambientales y sobre la salud, objetivos militares de producción de agentes químicos y biológicos, centrales nucleares, fábricas de armamento, complejos petroquímicos y sus productos altamente tóxicos. 

La lista de los crímenes cometidos es larga: uso de las espantosas (y prohibidas) "bombas de fragmentación", cada una de las cuales siembra centenares de partículas mortales para la población; miles de soldados enterrado vivos en el desierto, masacre de miles de soldados que huían por la "carretera de la muerte"...

Quince años después de Vietnam, el ejército norteamericano ya no estaba en absoluto "civilizado". Pero sin lugar a dudas, el peor de los crímenes es el embargo. Todavía hoy se priva a todo un pueblo de medios para alimentarse y curarse. Este escándalo tiene que cesar inmediatamente. Es entre la población iraquí donde el uranio empobrecido ha hecho el mayor número de víctimas. Una generación entera está en peligro. Hay que socorrerles urgentemente financiando investigaciones y los cuidados necesarios. Christine Abdelkrin ha visitado Irak, ese "infierno lleno de gritos y de sufrimiento", y su libro tiene el mérito de demostrar que el uranio empobrecido y el embargo contra Irak son dos aspectos de una misma guerra bárbara. Dirigida por personas para las que la vida humana no vale nada. Para hacer justicia 

El ex-fiscal general Ramsey Clark  ha definido bien lo que hay que exigir: "las armas de uranio representan una amenaza inaceptable para la vida, una violación de la ley internacional y un atentado contra la dignidad humana. Para salvaguardar el futuro de la Humanidad, exigimos la prohibición internacional incondicional de la investigación, producción, ensayo, transporte, tenencia y utilización de uranio empobrecido con fines militares. Además, pedimos que todas estas armas y todos los residuos radiactivos sean inmediatamente aislados y almacenados , que el uranio empobrecido sea clasificado como "sustancia radioactiva de riesgo", que se limpien las zonas contaminadas y que aquellos que hayan estado expuestos reciban un tratamiento médico adecuado". 

Y, ¿quién tiene que pagar? El Principio de "quien contamina, paga" no es más que simple justicia. La OTAN, las firmas privadas que han producido estos armamentos y los distintos gobiernos que han producido, utilizado o permitido utilizar estas armas deben deducir de sus presupuestos el dinero para financiar: 

1- Investigaciones científicas profundas e independientes sobre los efectos del uranio empobrecido y sobre los síntomas constatados. 

2- Una campaña de información a las poblaciones de Irak, de Bosnia y de Yugoslavia, así como a los soldados y a otras personas amenazadas. 

3- Medidas de aislamiento inmediato de las zonas contaminadas, así como de evacuación y de tratamiento de residuos y de equipos sospechosos 

4- Cuidados de calidad e indemnizaciones para todas las víctimas: población local, o soldados occidentales. 

5- Una comisión de investigación independiente, constituida por personalidades científicas no vinculadas a la industria de armamento o al ejército, para que investiguen quiénes son los responsables de los actos que se hayan cometido durante estas guerras, y quiénes han ocultado información sobre los peligros del uranio. 

Además, el gobierno belga interrumpirá inmediata, unilateral e incondicionalmente toda política de embargo que agrave la situación de la población iraquí e impida socorrerla". ¿Por qué la OTAN no respeta ninguna vida? De nuevo la OTAN ha vuelto a se descubierta cometiendo un flagrante delito. 

Pero, ¿ha mentido sólo acerca de las armas perversas y de su "guerra limpia"? ¿o también acerca de sus verdaderos objetivos? Hagan memoria: las guerras contra Irak, en Bosnia o contra Yugoslavia eran todas "humanitarias". Pero hoy el pueblo iraquí sigue sometido a un despiadado bloqueo, nada ha sido establecido en Bosnia, que ha sido transformado en un protectorado internacional corrupto y en el que no se puede vivir, mientras que Yugoslavia han muerto dos mil civiles a causa de los bombardeos de la OTAN. Por lo que respecta a Kosovo, ha sido "limpiado" étnicamente por sus protegidos de la UCK. 

Y transformado en un basurero nuclear. En octubre pasado invité a Bruselas a Snezana Pavlovic, experta nuclear de Belgrado, para un gran debate sobre el uranio. Esta serbia nos dijo: "nuestro gobierno había previsto el uso de armas de uranio y organizado la protección de los soldados afectados. En Serbia, los lugares contaminados han sido delimitados y se ha prohibido el acceso a ellos. 

Pero eso no se ha hecho en Kosovo, donde la OTAN niega que haya peligro alguno. De hecho son sobre todo los civiles albaneses, y en especial los niños, quienes serán víctimas del uranio". A la OTAN no le importa absolutamente nada la salud de los albaneses. Y en la actualidad ha aumentado enormemente el número de cánceres en Kosovo. Lo mismo que en Bosnia. Por ejemplo, en Bratunac, donde se refugiaron los civiles serbios salidos de las zonas bombardeadas por la OTAN en 1995 en los suburbios de Sarajevo, el cementerio se ha quedado pequeño, porque cada tres días hay un muerto de cáncer. 

"Hagamos la guerra para vender" (Bill Clinton) 

Esta terrible constatación del fracaso nos lleva a preguntarnos: ¿cuáles eran sus verdaderos objetivos? De hecho, la guerra de la OTAN no tenía nada de humanitaria, reconocía Bill Clinton (en privado) la víspera de la guerra: "si queremos unas relaciones económicas sólidas, que nos permitan vender en el mundo entero, Europa tiene que ser la llave. De eso se trata toda esta cosa (sic) de Kosovo". 

Una persona próxima a Clinton afirmaba: "para que funcione la globalización, América no ha de tener miedo a actuar como la superpotencia que es. La mano invisible del mercado nunca funcionará nunca sin un puño oculto. McDonals no puede ser próspero sin McDonell Douglas, el constructor del avión F-15". 

Así pues se trataba de una guerra para los enormes beneficios de las multinacionales, para acabar con la resistencia de un país que pretendía mantener una economía independiente. Una vida humana no tiene valor alguno para los que quieren dominar y explotar el mundo. Ni lo tiene la de los soldados norteamericanos o europeos, ni la de los iraquíes, los serbios y los albaneses, todos ellos contaminados de forma deliberada. 

He aquí por qué Javier Solana, responsable ayer de la OTAN y hoy del futuro Euro-ejército, organizó el verano pasado el "secreto de defensa" para todos los proyectos y análisis militares europeos. Provocando la cólera, aunque en vano, de la mayoría de los europarlamentarios privados de todo control. ¿Son los pueblos quienes deben juzgar si hay que hacer la guerra, o son las multinacionales y los generales? El señor Solana ha respondido. Hoy pagamos las consecuencias. 

¡Hay que parar a la OTAN! 

 

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