¡ALTO A LA OTAN! Página Principal

English version

2 Marzo 2001

Depleted Uranium Watch

Consecuencias del uso de Uranio Empobrecido desde el punto de vista médico

Dra. Helen Caldicott

El 30 de octubre de 1943, varios científicos que trabajaban en el Proyecto Manhattan, el llamado comité sobre "el uso de materiales radiactivos como arma de guerra", postulaban en una carta dirigida al General Leslie Groves, que la inhalación de uranio conduciría a "irritación bronquial, que se desarrollaría en escasas horas o días... Los productos emisores de radiación beta pueden llegar al tracto grastrointestinal por medio de agua contaminada, comida o aire. Desde el aire, estos pueden alcanzar la membrana mucosa, la garganta, etcétera. El estómago, el ciego y el recto, zonas donde las substancias se alojan por más tiempo, serían gravemente afectadas. Es coherente pensar que podríamos presenciar úlceras y perforaciones del intestino que eventualmente producirían la muerte..." 

Estas palabras podrían perfectamente describir algunos de los síntomas sufridos por veteranos de la guerra del Golfo Pérsico tras haber sido expuestos a uranio empobrecido, que ahora cubre los antiguos campos de batalla tanto de dicha guerra como de los Balcanes. En efecto, son perfectas para este caso, aún cuando el uranio empobrecido sólo tiene la mitad de radioactividad que el mineral encontrado en la naturaleza.

Uranio empobrecido no es otra cosa que uranio 238, que es lo que queda después de que el elemento fisionable 235 es extraído del mineral y usado como material para cabezas nucleares o en reactores productores de energía eléctrica. Alrededor de 700.000 toneladas de este material radiactivo desechado se han acumulado en los Estados Unidos durante casi 60 años. Eso, claro está, hasta que los mílitares norteamericanos le descubrieron una posible "utilidad". Casi dos veces más denso que el plomo, se abre paso a través de la coraza blindada de un tanque como un cuchillo caliente a la mantequilla. Como era gratis y abundante, balas y proyectiles de este material resultarían baratas de producir. Pero el uranio 238 tiene propiedades peligrosas. Es pirofórico, es decir se prende llama cuando alcanza su objetivo, el blindado de un tanque enemigo, por ejemplo, a gran velocidad. El fuego oxidiza el uranio y, hasta un 70 por 100 se convierte en volátiles partículas micróscopicas, tan pequeñas que si son inhaladas tras una leve ventisca, se alojan en los pulmones durante años.


Siendo el uranio 238 y sus subproductos, emisores radiactivos del tipo alfa y beta, que son cancerígenas, puede dañar las células de pulmones, huesos, hígado, próstata, intestino y cerebro, causando tumores malignos en estos órganos, tal y como es expuesto en un informe fechado en 1999 sobre la salud de los obreros de la industria transformadora de uranio, auditado por el Departamento de Energía de los Estados Unidos de América. Tras la inhalación, éste se solubiliza y se transfiere de los pulmones a otros órganos, incluyendo el hígado, tejido adiposo y músculos. Con el tiempo, se puede excretar a través de los riñones donde, al tratarse de un metal pesado, induce al desarrollo de nefritis, que es una enfermedad crónica. Estudios realizados a veteranos de la guerra del Golfo indican que están excretando uranio 238 por la orina y el semen. Se estima que casi 300.000 veteranos estadounidenses han sufrido inhalación de uranio empobrecido.


Los niños de Irak, donde 300 toneladas métricas de uranio empobrecido en la forma de proyectiles usados y polvo volátil fueron dejadas atrás por los Aliados, presentan una incidencia más alta de lo considerado normal en cuanto a malformaciones congétinas y tumores malignos. Similares informes nos llegan de los hospitales de la provincia serbia de Kosovo y de Bosnia, mientras que otros estudios sobre hijos de los mencionados veteranos, muestran una anormalmente alta tasa de enfermedades congénitas. 


El Departamento de Energía de los Estados Unidos admitió hace poco que uranio contaminado reprocesado de reactores militares había sido mezclado con uranio empobrecido "puro" en la planta de difusión gaseosa de Paducah, Kentucky. Este uranio contaminado contiene trazas de neptunio, plutonio y uranio 236 – elementos que son miles de veces más cancerígenos que el uranio.

Uranio 238 tiene una vida media de 4.500 millones de años, mientras que el neptunio 237 y el plutonio 239 que son mucho más cancerígenos que el uranio, tienen una vida media de cientos de miles de años. He aquí que Irak, Kuwait, Bosnia y Kosovo están de hecho contaminadas con elementos carcinógenos radiactivos para la eternidad. Y por la misma naturaleza de la carcinogénesis, con su período de latencia, que significa que el tiempo de incubación para los tumores varía entre 5 a 60 años, es casi probable que los casos de cáncer descubiertos en soldados de la OTAN y misiones de pacificacíon que sirvieron en los Balcanes, así como de los veteranos del Golfo, y por supuesto los cíviles que viven en estos países, sean sólo la punta del iceberg.  


Referencias: Prensa Europea 
Documentos del Pentágono 
Datos estadísticos sobre incidencia del cáncer entre los trabajadores de la producción de uranio en los EE.UU.

Esta página: http://www.stopnato.org.uk/du-watch/caldicott/medico-es.htm

 
 

 

WWW.STOPNATO.ORG.UK